Está buscando casa. Es lo normal en su situación. 52 años, una hija de veintitantos emancipada y ahora su separación. "No me importa los metros que tenga, sólo quiero que sea acogedora , y que me haga sentirme bien..." -dice en la agencia inmobiliaria.
La última mudanza era hacia un proyecto en común que duró muchos años, no sé cuántos. Hasta ahora, en que todo acabó. Cada uno sigue su vida . Y ella, tras una piel llena de arrugas y decepción , plagada de surcos forjados por las lágrimas, busca una nueva casa para que la arrope, para que le acompañe, para que la consuele.
Es duro empezar de nuevo en soledad, cuando ni la juventud, ni los proyectos de futuro te acompañan. Debe serlo. Espero no saberlo.
La última mudanza era hacia un proyecto en común que duró muchos años, no sé cuántos. Hasta ahora, en que todo acabó. Cada uno sigue su vida . Y ella, tras una piel llena de arrugas y decepción , plagada de surcos forjados por las lágrimas, busca una nueva casa para que la arrope, para que le acompañe, para que la consuele.
Es duro empezar de nuevo en soledad, cuando ni la juventud, ni los proyectos de futuro te acompañan. Debe serlo. Espero no saberlo.

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